CUANDO FUE ??
Cuándo fue la última vez que te sentiste muy emocionado por emprender algo? ¿Cuál fue el último gran éxito que tuviste en ese proyecto que tanto te apasionaba?
En ocasiones, al hacernos estas preguntas, nos cuesta mucho recordar y poder traer a la cabeza ese momento tan gratificante de éxito personal. Incluso cuando no podemos recordar algo así muy claramente, nos vemos en la necesidad de intentar crear ese momento, pero nos cuesta aún más hacerlo. ¿Curioso verdad? Pareciera que soñar es todavía más difícil que recordar. ¿Te ha pasado así? A mí sí.
Muchas han sido las ocasiones en que recordar un momento de éxito en mi carrera o en mi profesión me ha costado muchísimo o me ha parecido casi imposible hacerlo. Y no quiero decir que no los haya tenido. ¿Sabes por qué me sucedía esto? Porque, en mi caso, se ha debido a que no me había dado a la tarea de tomarme el tiempo, hacer una pausa en el camino, y reflexionar sobre el rumbo que estaba siguiendo y el legado que estaba dejando para los que vienen detrás de mí. Vivía siempre esforzándome por cumplir metas y objetivos dentro de mi carrera profesional, pero para cuando comencé a visualizarme sobre cómo es que estaba haciendo todo, aquello que pude ver no me agrado mucho. Veía a un hombre angustiado por todos los retos que se avecinaban y problemas que se suscitaban de la nada. Veía un sin fin de tareas que cada vez que terminaba alguna, tenía cinco nuevas esperando a ser resueltas a la brevedad, sin un panorama muy claro de qué nueva estrategia pudiera seguir para que ahora sí alguno de mis proyectos saliera conforme a lo que yo había planeado. Esto mis amigos se llama stress.
El concepto de stress que he aprendido hasta el momento es: aquella situación en la que eres participe pero que su desenlace no está en tus manos. Algo más sencillo de definir es: la falta de control sobre las cosas. Cuando empecé a entender estos conceptos de stress me di cuenta de que había una infinidad de cosas que no estaban en mí y que su solución no iba a depender de mí. Mi afán de administrador absoluto de lo que hacía y mi miedo a fallar en las cosas que emprendía, me llevo mucho tiempo a vivir exigiéndome la solución de todas las situaciones complejas que me tocaba lidiar, no sólo en lo profesional, sino también en lo personal, es decir, con todas las relaciones en las que mi vida interactuaba. Esta realidad que vivía, día con día se tornaba muy desalentadora para poder levantarme todas las mañanas con una buena actitud ante la vida.
Cuando no tienes la certeza de lo que va a suceder, en otras palabras, si no tienes el control de las circunstancias, la vida se vuelve un reto algo complicado de librar y mucho peor es que se vuelve un viaje desaprovechado por las cosas que dejas de aprender y disfrutar.
Luego de todo este proceso de descubrimiento que tanto agradezco a Dios, logre entender que nadie sobre esta tierra, va a tener el control de las circunstancias en su totalidad. Entonces ¿por qué la mayor parte de nosotros vivimos queriendo mitigar el stress con un Control Absoluto de las circunstancias?
Después de que comprendí el concepto de stress, pude comenzar a aceptar que no todas las cosas las tenía que hacer yo, y mucho menos hacerlas exactamente igual a los demás, porque aprendí la importancia y el valor de mi persona como un ser único y genuino, hecho a imagen y semejanza de Dios ,capaz de crear, pero también de destruir, lo que me llamaba a ser más responsable sobre mis decisiones. Esa responsabilidad por fin aclarada me dio la libertad para poder comenzar a recordar mis logros, todos positivamente tomados para crecimiento y corrección, pero sobre todo la libertad de soñar sin límites, con confianza y con fe, consciente de que necesitaré de los demás para seguir creciendo y avanzado, abierto a las oportunidades y a los cambios que todos sabemos en algún momento sucederán y para los cuales debemos estar preparados, tomando como estandarte mis hechos y no mis palabras, hechos forjados con la materia prima más sólida que exista: los Valores , porque los Valores no pasan, ni evolucionan, son y siempre serán los mismos, perennes ante las acciones de los hombres y fieles parámetros para medir la grandeza del ser humano.
• Mi invitación es a que tú, como yo, dejes de enfocarte en el cumplir y tu visión la transformes al servir.
• Deja de sentirte responsable de todas las circunstancias y comienza a trabajar en ellas, a detectar oportunidades en ellas, es ahí donde podrás encontrar los más grandes éxitos que esperan por ti y fácilmente te darás cuenta de muchos otros éxitos que pasaste desapercibidos.
• Deja ya esos análisis mezquinos que sólo alimentan más tus miedos y comienza a probar nuevas estrategias en tu vida personal y profesional.
• Aprende a pedir ayuda y eso te abrirá un sinfín de posibilidades cuando te des cuenta de todas las oportunidades que estabas dejando de aprovechar.
• Si tuviste malas experiencias, abrázalas, porque ya no vas a comenzar desde cero, ahora ganaste mucha más experiencia y estás cada día más cerca de tus sueños.
“La grandeza de todo ser humano se mide por la Anchura de su corazón, la Altitud de sus sueños, el Peso de sus convicciones y la Intensidad de sus acciones “
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