MÁS ALLÁ DEL ROL
En el mundo de las ventas, mucho se habla de modelos de contratación: si un vendedor es freelance, por comisión, contratado a término fijo, indefinido o por prestación de servicios. Sin embargo, cuando hablamos del verdadero propósito del rol comercial, ese debate pierde relevancia. Al final, más allá de la firma en un papel, lo que define a un buen vendedor es su compromiso con la empresa, con el cliente y consigo mismo.
Un vendedor no solo representa un producto; representa la credibilidad de la marca que lleva en su voz y en sus acciones. Y ese papel exige cumplir con obligaciones, responsabilidades y, sobre todo, con conductas mínimas que construyen confianza y sostenibilidad en las relaciones comerciales.
Más allá de la forma, importa el fondo
No importa cuál sea el tipo de contrato:
- Un objetivo común: vender con pasión, generar valor para el cliente y asegurar el crecimiento de la compañía.
- Un código de conducta compartido: respeto, lealtad, pertenencia y disciplina son pilares que no dependen de la nómina, sino de la ética profesional.
- Responsabilidades ineludibles: cumplir metas, entregar informes, dar un servicio impecable y cuidar la reputación de la marca.
La lealtad no se negocia
Ser leal no significa estar atado de por vida a una empresa, sino responder con transparencia y compromiso mientras se hace parte de ella. La lealtad se demuestra en cosas simples:
- No hablar mal de la compañía frente al cliente.
- Respetar todos los procesos
- Reconocer
- Autoridad jerárquica → es la que se deriva de la estructura organizacional: el jefe ocupa un cargo superior y, por tanto, tiene facultad de dirigir, dar instrucciones y evaluar el trabajo.
- Autoridad funcional → corresponde a la experiencia, el conocimiento técnico y la capacidad de orientar en el área comercial.
- Autoridad moral → nace del respeto y la credibilidad que el jefe inspira en su equipo, más allá de su cargo.
- Cumplir lo que se promete, porque la palabra del vendedor es la palabra de la empresa.
Pertenecer, incluso sin un contrato “fijo”
Un vendedor puede estar contratado por prestación de servicios o como independiente, pero eso no lo exime de generar sentido de pertenencia. Ese sentimiento no se mide en documentos, sino en actitudes: defender la marca, sentir orgullo por el trabajo y transmitir confianza a cada cliente.
Una invitación a los vendedores
El reto está en asumir el rol con madurez: más allá de lo que diga el contrato, el verdadero vendedor entiende que representa un propósito mayor. La venta no es solo cerrar negocios; es abrir puertas, sembrar confianza y consolidar relaciones duraderas.
Porque al final, el éxito no se logra por el tipo de contrato que nos une a la empresa, sino por la calidad del compromiso que nos une a ella.
PERDONEN LA POQUEDAD
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