No es maldad: es que no siempre vemos toda la historia
Hay momentos del día en los que la vida nos pone un espejo sin avisar. Uno de esos me pasó hace unos días, cuando bajé al jardín interior de mi conjunto residencial y me encontré con un popó de perro en el piso. Nada raro en apariencia, pero sí lo suficiente para detenerme un momento. Como no quería simplemente dejar eso ahí, lo que hice fue tomar unas hojas secas para marcar el punto exacto para que el portero, desde las cámaras, pudiera identificar el lugar y revisar las grabaciones para saber quién había sido. Si no lo señalaba, él no iba a tener forma de saber dónde era. Una acción práctica y simple. Cuando fui a portería , ya había llamado una señora y sin pensarlo dos veces le lanzó al portero una frase que me atravesó: “Vea cómo serán de HP´s ,que alguien tapó la m... de su perro con hojas”. Me quedé frío. No solo no era mi perro, sino que estaba haciendo exactamente lo contrario: estaba ayudando. Ese momento me dejó pensando durante horas. Porque así como esa se...